dimecres, 16 de maig del 2012


Manuel Tamayo y Baus (Madrid, 16 de septiembre de 1829 - 21 de junio de 1898),dramaturgo español.
 Hijo de actores (su madre fue la intérprete Joaquina Baus, primera dama del teatro del Príncipe, y su padre, José Tamayo, fue, además de primer actor, director de escena y pariente de dramaturgos y políticos influyentes, como Antonio Gil y Zárate, que era tío suyo y le consiguió un puesto de oficial en el Ministerio de Gobernación. Se casó, además, con una sobrina del gran actor Isidoro Máiquez y sus hermanos fueron también hombres de teatro: Andrés Tamayo escribió algunas obras y Victorino Tamayo fue actor y comediógrafo.
Empieza haciendo adaptaciones, como la que tituló Juana de Arco (1847), sobre La doncella de Orleans de Schiller, uno de sus autores de referencia, o imitaciones más o menos claras, como Una aventura de Richelieu, que se inspira en Alejandro Dumas.
Hasta 1856, cuando escribe su última obra en esta forma, La bola de nieve, escribió siempre en verso; su ideología es conservadora (fue amigo de Alejandro Pidal y Mon y perteneció al partido tradicionalista; eso le valió algún destierro). Su medio centenar de piezas puede dividirse en dos grandes épocas. En la primera, de inspiración neorromántica, cultivó del drama histórico y destacan, aparte de Juana de Arco, los dramas El seis de agosto o España sin honra (1848), Ángela (1851), adaptación de Schiller, Virginia (1853) y Locura de amor(1855), en prosa, sobre Juana la Loca.
En la segunda, inscrita dentro del Realismo moralizador y la alta comedia de tesis, tiene su programa expuesto por el propio autor en el discurso que pronunció al ingresar en la Real Academia Española en 1859: La verdad considerada como fuente de belleza en la literatura dramática. Se trata de obras de intención moralizadora, en que se pretende denunciar la corrupción moral de la sociedad y la pérdida de valores como la familia, la religión, la honestidad etcétera.

dimarts, 15 de maig del 2012


                                                     Adolescencia de un adolescente

Soy una niña, bueno, se podría decir que soy una chica tirando a mujer, ya que, tengo dieciocho años y la adolescencia prácticamente pasada. Pero, durante esta etapa, la vida me puso a prueba y pasé problemas de los que no me he atrevido a hablar ni comentar nada hasta el día de hoy. Pienso que, quizás, sólo quizás, en aquella edad yo no los hubiera tenido que pasar.

Todo empezó una noche de julio, para ser más concretos, el día veinticico de julio del dos mil diez. Este día conocí a un chico llamado Clay, por lo que me dijeron, tenía dieciséis años. Cuando lo vi, sentí que este chico era diferente al resto. Su sonrisa me enamoró. Cuando fijaba su mirada en mi rostro, un escalofrío recorría todo mi cuerpo... Creo que fue...un amor a primera vista.

Quería saber cómo era, y, sí, me hice su amiga. Pasaron las vacaciones de verano. Yo descubrí que, realmente, sentía algo más por él que una simple amistad. Sentía que algo muy fuerte me impulsaba a hablarle, y a sentir la necesidad de estar con él el resto de mi vida. Pero en aquel tiempo no podía estar por él, estaba centrada en mi tía. Ella tenía un cáncer, que ya era imposible de curar, es más, le quedaban días, y pocos. El día veintiuno de ese mismo mes nos dejó. Cuando mi madre, entre lágrimas, me lo dijo quedé desconcertada. Una lágrima cayó de mi ojo izquierdo, después del derecho y ya no podía parar de llorar. Me hundí, pues la quería muchísimo. Ahora ya no tenía a nadie en quien confiar. Al final, decidí contárselo a mi mejor amiga, Claudia y a mi gran amigo Clay. Acerté de lleno, los dos me ayudaron muchísimo.

Los meses continuaron pasando, y cada vez la añoraba más. Desde su muerte, sólo le tenía miedo a ella, a la propia muerte. Y el tiempo pasaba. En diciembre,  decidí preguntarle a Clay qué sentía él por mí. Él me respondió que me quería mucho, pero sólo como una amiga. Rompió mis ilusiones. De nuevo me volví a hundir. Hasta que al cabo de un tiempo, sin más, me citó. Yo, maravillada, acepté.

Aquel ocho de enero de dos mil once me confesó que era yo el amor de su vida. Entonces me dio un beso, mi primer beso, un beso largo, cálido, con amor. Yo era feliz. "Ahora ya me puedo morir", pensé, pero él para rematar el momento, y hacer que ese día se convirtiera en lo mejor de mi vida, se acercó y me susuró al oído: "te amo". No sé si lo he dicho antes, pero yo era una niña dulce, inocente, de alguna manera, débil.

Y a su lado continuaron los días hasta marzo. Yo empecé a distanciarme de la pandilla, ya que ellas no me aceptaban fuera por lo que fuera. Me sentía rechazada por mis propias amigas, me despreciaban y me humillaban, me hacían sentir sola. ..

Un mal día, mientras me duchaba, me noté unos bultos en la axila, ya rozando el pecho. Se lo comenté a mi madre y ella, como buena madre que es, me llevó al médico. ¿A que no sabéis que me encontraron? Un tumor maligno, cáncer. En el momento en el que me dieron esta noticia vino a mi mente el mismo día que se lo anunciaron a mi tía, y entonces entendí cómo se sintió ella. Le pedí a mi madre que por favor no se lo dijera a nadie. Tan sólo lo sabíamos mi padre, mi madre, mi hermana y yo. Yo me sentía sola, pues ahora sólo me veía con Clay y Claudia.

Cuando ya llevaba un mes con ello,  los médicos decidieron operarme. Fue entonces cuando yo se lo dije a Clay y Claudia. Ellos se quedaron boquiabiertos, pero a la vez decepcionados por no haberlo sabido antes. Me quisieron acompañar, les dije que no. No quería que se preocuparan por mí. En realidad, tenía miedo, no de la operación sino del cáncer. Cáncer ... Lo que puede llegar a hacer esta palabra. Y llegó el día de la operación. Antes de entrar al quirófano, me pasaron por la cabeza un montón de pensamientos. ¿Y si la operación no salía bien? ¿Y si no llegaba a salir de allí? Y si salía bien, ¿me curaría?

La operación fue un éxito. Me alegré muchísimo. Mi sonrisa se volvía a dibujar en mi cara y mis ilusiones de vivir se volvían a despertar. Pero, cuando fui a revisión, me dijeron que no lo tenía curado. ¿Cómo podía ser? ¿Es que el destino me estaba poniendo a prueba? Nuevamente, no se lo dije a las dos personas más importantes de mi vida.

Pasaba el tiempo y el maldito cáncer no se curaba. Y mientras yo sufría con el cáncer, mis amigas sólo me hacían malas jugadas. Hasta que dije basta y decidí irme de aquel grupo, de aquel infierno. Cada día mi cáncer iba peor y cada día me desalentaba más y tenía menos fuerzas para todo, y para nada. Y lo más malo de todo esto era que no me dolía el cuerpo del cáncer, no, me dolía el corazón por ellas, por quererlas tanto. Porque, a pesar de todo lo que me habían hecho, yo las echaba de menos y quería estar con ellas. Volver a salir y disfrutar. Pero no podía, no podía porque decidí acabar con ellas y con nuestra amistad.

Quería ser mayor, casarme con el Clay, quería dar la vuelta al mundo, Quería saber qué era realmente aquello al que llamaban felicidad, quería ser vieja y estar sentada con Clay en un banco mirando pasar la gente. Un día me levanté con coraje y con ganas de comerme el mundo. Y decidí ser fuerte. Una persona como yo no podía morir. Tenía que vencer el cáncer, tenía que hacer realidad mis sueños, tenía la obligación de amar a Clay, no lo podía dejar, la amaba ... Ansiaba vivir. Pasaron más días y, según los doctores, los marcadores tumorales bajaban.  Me despertaba cada día con más esperanza y con más ilusión de curarme algún día.
Ahora ya han pasado dos años, y hoy, posiblemente, sea mi ultima operación. Hoy es el día que, o bien puedo curarme y derrotar por fin el cáncer o dejarlo para siempre y morir por culpa de él. Ahora los doctores están hablando, mientras yo estoy escribiendo esto. Ha sido ahora mismo cuando estaba con la mirada perdida que ha entrado Clay, me ha besado y me ha dicho:  "te quiero, todo saldrá bien ya lo verás". “Espero que sí”, le contesto.

[...]

Ahora escribo desde mi casa, ya me han dado el alta y como podréis comprender, la operación salió muy bien, fue todo un éxito, he cumplido mi sueño de ganar el cáncer. Algo que mi tía no pudo hacer. Cuando he salido del hospital, lloviendo a cántaros como estaba, me he encontrado a toda mi antigua pandilla chillando y saltando con una pancarta que decía: "Perdón, Laura, te queremos". Al verlo me han entrado ganas de juntarme con ellas y hacer como ellas. Una inmensa satisfacción llenaba todo mi pecho. Creo que sí que he conocido la felicidad.

Ahora, como he dicho antes, tengo dieciocho años y estoy con el amor de mi vida, Clay, con un grupo en quien apoyarme en momentos de debilidad, con una familia que me da calor y me cuida un día tras otro, con un cáncer superado y sobre todo, por encima de todo, la tengo a ella, a mi tía, cuidándome desde allí donde esté.
Bart.